sábado, 5 de febrero de 2011


¡No te agites ni te acalores por tus propio defectos o por los ajenos! Por lo común son debilidades, superficialidades, negligencias, y muy raras veces malicia. Pero alégrate de todo lo bueno que encuentras en ti y en otros, y agradécelo a Dios.
No causes pena o aflicción a otros sin motivo y mucho menos intencionalmente.-¡Por Dios! Nunca intencionalmente.
La vida común y otra gente bastan para ello.
Lo que somos y como somos y... lo que hacemos y como lo hacemos: todo debe ser útil para otros, sin perjudicar a nadie.
Pero, no basta no causar penas o tribulaciones a otros; es necesario que hagamos el bien mutuamente, los unos a los otros.
Dice San Pablo:
"El uno lleve la carga del otro y así cumpliréis la ley de Cristo".
Hoy mismo comenzaré a cumplir resueltamente esta ley de Cristo.

"
Esto es lo que manda el Señor de los ejércitos: Juzgad según la verdad y la justicia, y haced cada uno de vosotros obras de misericordia para con vuestros hermanos" (Zac. 7,9)


-Santiago Koch, S.V.D.-
De: Tu Compañero de Jornada al encuentro con Dios

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