viernes, 9 de julio de 2010

Penitencia

208
Bendito sea el dolor. —Amado sea el dolor. —Santificado sea el dolor... ¡Glorificado sea el dolor!
209.
Todo un programa, para cursar con aprovechamiento la asignatura del dolor, nos da el Apóstol: "spe gaudentes" —por la esperanza, contentos, "in tribulatione patientes" —sufridos, en la tribulación, "orationi instantes" —en la oración, continuos.
210.
Expiación: ésta es la senda que lleva a la Vida.
211.
Entierra con la penitencia, en el hoyo profundo que abra tu humildad, tus negligencias, ofensas y pecados. —Así entierra el labrador, al pie del árbol que los produjo, frutos podridos, ramillas secas y hojas caducas. —Y lo que era estéril, mejor, lo que era perjudicial, contribuye eficazmente a una nueva fecundidad. Aprende a sacar, de las caídas, impulso: de la muerte, vida.
212.
Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. —Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios... —Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡El!
213.
Jesús sufre por cumplir la Voluntad del Padre... Y tú, que quieres también cumplir la Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos del Maestro, ¿podrás quejarte si encuentras por compañero de camino al sufrimiento?
214.
Di a tu cuerpo: prefiero tener un esclavo a serlo tuyo.
215.
¡Qué miedo le tiene la gente a la expiación! Si lo que hacen por bien parecer al mundo lo hicieran rectificando la intención, por Dios... ¡qué santos serían algunos y algunas!
216.
¿Lloras? —No te dé vergüenza. Llora: que sí, que los hombres también lloran, como tú, en la soledad y ante Dios. —Por la noche, dice el Rey David, regaré con mis lágrimas mi lecho. Con esas lágrimas, ardientes y viriles, puedes purificar tu pasado y sobrenaturalizar tu vida actual.
217.
Te quiero feliz en la tierra. —No lo serás si no pierdes ese miedo al dolor. Porque, mientras "caminamos", en el dolor está precisamente la felicidad.
218.
¡Qué hermoso es perder la vida por la Vida!
219.
Si sabes que esos dolores —físicos o morales— son purificación y merecimiento, bendícelos.
220.
¿No te produce mal sabor de boca el deseo de bienestar fisiológico —"Dios le dé salud, hermano"— con que ciertos pobres agradecen o reclaman una limosna?
221.
Si somos generosos en la expiación voluntaria, Jesús nos llenará de gracia para amar las expiaciones que El nos mande.
222.
Que tu voluntad exija a los sentidos, mediante la expiación, lo que las otras potencias le niegan en la oración.
223.
¡Qué poco vale la penitencia sin la continua mortificación!
224.
¿Tienes miedo a la penitencia?... A la penitencia, que te ayudará a obtener la Vida eterna. —En cambio, por conservar esta pobre vida de ahora, ¿no ves cómo los hombres se someten a las mil torturas de una cruenta operación quirúrgica?
225.
Tu mayor enemigo eres tú mismo.
226.
Trata a tu cuerpo con caridad, pero no con más caridad que la que se emplea con un enemigo traidor.
227.
Si sabes que tu cuerpo es tu enemigo, y enemigo de la gloria de Dios, al serlo de tu santificación, ¿por qué le tratas con tanta blandura?
228.
"Que pasen buena tarde" —nos dijeron, como es costumbre—, y comentó un alma muy de Dios: ¡qué deseos más cortos!
229.
Contigo, Jesús, ¡qué placentero es el dolor y qué luminosa la oscuridad!
230.
¡Sufres! —Pues, mira: "El" no tiene el Corazón más pequeño que el nuestro. —¿Sufres? Conviene.
231.
El ayuno riguroso es penitencia gratísima a Dios. —Pero, entre unos y otros, hemos abierto la mano. No importa —al contrario— que tú, con la aprobación de tu Director, lo practiques frecuentemente.
232.
¿Motivos para la penitencia?: Desagravio, reparación, petición, hacimiento de gracias: medio para ir adelante...: por ti, por mí, por los demás, por tu familia, por tu país, por la Iglesia... Y mil motivos más.
233.
No hagas más penitencia que la que te consienta tu Director.
234.
¡Cómo ennoblecemos el dolor, poniéndolo en el lugar que le corresponde (expiación) en la economía del espíritu!

De Camino

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