jueves, 28 de mayo de 2009

El valor de nuestra vida...


Debemos tener siempre presente el verdadero valor de nuestra vida, el gran valor de nuestra alma.


Nada importa la actividad exterior de nuestra vida:sea el trabajo en el campo o en el monte o en una fábrica,

en una escuela o en una oficina, en un ferrocarril o en un barco, en un convento, en una parroquia o como misionero en un país pagano...


Poco importa todo esto, cómo se devoran o extinguen nuestros días y nuestras fuerzas, en trabajos públicos u ocultos; nuestro valor, el valor de nuestro trabajo, de nuestra soledad, de nuestra vida es para todos nosotros sin excepción el mismo: Dios y su gracia.


En esto hemos de pensar más a menudo, reflexionando sobre ello y así encontraremos motivos muy fundados para alegrarnos y agradecer a Dios.


Reconociendo nuestro verdadero valor sobrenatural hemos de vivir esta vida alegres y seguros, enfrentando audazmente todo menosprecio y desprecio de los hombres.


Ora comáis, ora bebáis o hagáis cualquiera otra cosa: hacedlo todo a gloria de Dios”. (I Corintios 19,31)


Santiago Koch, SVD (de: Tu compañero de jornada al encuentro con Dios)